En universo en mis ojos

Por explicarlo mal y pronto: las condiciones de contorno definen el universo de una historia, plantan los límites y establecen las reglas del mundo donde se desarrolla la historia, y los buenos contadores de historias dan a entender estas condiciones de contorno mientras cuentan su cuento, sin determinarlas completamente ni explicarlas al detalle, sugiriéndolas por anticipado para que los giros de la narración no parezcan milongas sacadas de la manga ni trucos de última hora.

descarga (2)2666 es uno de esos libros de los que puedes hablar durante horas sin decir nada importante, uno de esos sobre los que ya se ha dicho casi de todo y, sin embargo, casi todo lo que uno ha oído pierde significado cuando tú mismo lo lees.

Por empezar con algunos de los mitos: sí, está inacabado, pero tanto da. Es como dice Ignacio Echevarría, Inacabable más que Inacabado. Sus aspiraciones son tan profundas que, por muchas vidas con las que hubiera contado Roberto, nunca podría haberlo cerrado, imagínate la esencia de la cosa.  O mejor, no te lo imagines, léelo.

Otros de los mitos: sí, efectivamente, se trata de cinco libros, no de uno, pero tanto da. Roberto escribió cinco libros independientes, cada uno perfectamente distinguible por su contenido, sus personajes, su trama y, lo más sorprendente, por su tempo y su estilo. Pero no cinco historias, escribió muchas, muchas, muchísimas más.

En 2666 hay de todo. Hay intelectuales y macarras, políticos y prostitutas, gente feliz y gentes con dones especiales, hay expertos en asesinos en series y boxeadores sonados, hay negros, indios, rusos, chilenos, geómetras gallegos y adolescentes nacidas en Barcelona. Hay soldados y hombres sirena, periodistas argentinos y gestores de campos de concentración, paralíticos, policías negligentes, policías inteligentes, policías extravagantes, sicarios brillantes y editores neoyorquinos. A poco que te descuidas hay un extraterrestre y un escritor prusiano. Hay de todo y más, que ya es haber.

2666 abarca el mundo, el real y el posible, el del pasado, el presente y parte del futuro, y todo ello sin mencionarlo específicamente. El escenario en el que se desarrolla es la totalidad del universo, el de Stephen Hawking y el otro.

Sus párrafos parecen tan casuales y gratuitos como si salieran de la pluma de Ken Follet, y precisamente así hacen sentir al que lee, despertando su hambre de seguir cabalgando la ola. Lo que pasa es que, en realidad, de casuales y gratuitos tienen lo mismo que yo de misionero humilde. Todo está colocado donde debe estar, Roberto no permitió que fuera de otra manera, aunque tan sólo su perfecta y bien cronometrada intuición fuera la que le dictara en ocasiones el lugar la extensión y la cadencia de los elementos de la(s) novela(s), y no un storyboard afilado y milimétrico. Ese era uno de los grandes talentos de este tremendo tío: su percepción general del mundo, sus colores, tonalidades, tonos de vibración, ritmos del paso del tiempo, su mapa del laberinto, su carta de navegación. Y esta portentosa habilidad se extendía para permitirle abarcar todo lo que se ve y lo que no. El universo en sus ojos.

Por decirlo de una vez claro: Roberto Bolaño es EL NOVELISTA.

Y 2666, junto con el resto de su obra, es LA NOVELA.

61bahG8xTIL._SY344_BO1,204,203,200_No sólo la novela que hereda el alma de El Quijote, ni la que desnuda a los personajes de Crimen y Castigo, ni la que insufla las magias secretas de Cien Años de Soledad. También es la que marca la pauta maestra que seguirá lo que viene ahora. Es la que muestra la próxima arquitectura de tramas de contacto sutil, con cruces pero sin cortes, independientes pero colaborantes, completas pero integradas en un cuadro más grande.                           Y Roberto convence al lector gracias a otro de los talentos que desarrolló a lo largo de sus cincuenta años de vida: el hipnótico pisar del caminante con el que despliega la sucesión de acontecimientos, descripciones y pensamientos, absorbiendo pizca imperceptible tras pizca imperceptible la visión del que lee, su atención, su opinión y, si hubiera vivido seis meses más, su cartera, su mascota y su intestino delgado.

Pero esta es otra sarta de tonterías más de esas que se han escrito sobre este libro.

El Cochinoespin pocas veces va a ser tan tajante. Léelo.

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