Vacaciones de tanto recuerdo.

 

“Hay cosas que son contra natura. Tratar de huir de la propia edad, de la propia condición social lleva a la tragedia. Piensen en eso cada vez que tengan la tentación de marcharse a los mares del sur.”

No lo digo yo, lo dice Manuel en esta novela de Pepe Carvalho. Y de eso trata principalmente. No es ningún spoiler ni nada: si ahora se destripa un buen libro citando una sola frase menuda mierda de libro. Vázquez Montalbán escribe uno muy correcto con este, y si tiene algunas pegas son culpa de Carvalho, no de Manuel.

los-mares-del-sur-manuel-vazquez-montalban-daa-3034-MLM3919005607_032013-FEl detective catalán sólo consigue despegar a un tercio de esta novela negra, eso sí, cuando despega llega a todos los rincones donde debía llegar. Y a algunos más, que si sobran no es culpa de Carvalho sino de Manuel.

La historia arranca tipo capitulo de House, desplazando el foco hacia un personaje simpático que no vuelve a salir pero que introduce putamadre, tú, todo un logro para la literatura española de consumo a principio de los ochenta. Después decae un poco, no por culpa de Manuel, ya lo he dicho, sino de Pepe Carvalho, que de repente parece tener la necesidad de presentarse y de plantear su propia línea argumental, cosa de la que, me parece a mí, había poca necesidad, incluso cuando no todo el mundo supiera quién era el correoso Carvalho en el momento en que se publicó la obra.

Otro culpable del pequeño declive, esta vez sin apellidos, es lo manido del género a estas –nuestras- alturas pero, claro, para principio de la década de la movida… Qué le hacemos, si es que las historias de detectives, a pesar de ser españoles –o catalanes, para los tontos que gusten de este tipo de distinciones- empiezan con un crimen, el de un pijo llamado Carlos Stuart Pedrell, en este caso, después siguen con la presentación de los personajes principales, su exmujer, su socios, su amante, su secretaria y todo eso,  y luego  continúan distribuyendo al tresbolillo, cual lunares en un traje de gitana o cual pedazos de caca tras arrojar la mierda al ventilador, las pistas que el detective -y el que lee- deben seguir.

Menos mal que los globos oculares disponen de cierta movilidad y se puede mirar a otro lado hasta que Carvalho arranca su maquinaria cerebral y su gañote de buen comer. El regreso, por fin, del tipo duro, amargado, amante de las chistorras y más borracho que la reina madre. Y culto, porque Pepe brilla por detalles que otros detectives no tienen. E incluso contradictorio, para nombrar otro de esos detalles, aunque este no se desarrolla mucho -para pena del lector- por tratarse, me imagino, de un premio planeta, a pesar de ser un temprano premio planeta, de cuando estos premios no eran todavía la porquería gorda que es hoy día. Y porque no todo se puede desarrollar en una historia, hombre, no se puede pedir tanto, que os gusta mucho pedir, coñe.descarga

Al menos queda claro que los objetivos mínimos de una historia como esta quedan cubiertos con el paso de los capítulos: la trama del muerto Stuart Pedrell (bastante buena), la de Pepe el protagonista (menos buena pero bien) y el fresco de personajes secundarios que viene a describir el conjunto de estratos de la sociedad de la época (que ya viene a ser regular). Lo mejor de todo: el desarrollo de la visión de Pepe Carvalho a lo largo de su regulera historia, que salva con su derrotista (¿realista?) e íntima perspectiva el planteamiento general de la novela, el que se resume en la cita de más arriba.

Y es que todos queremos pegarnos unas vacaciones de nosotros mismos, El Cochinoespín el primero, pero siempre lo enfocamos desde la búsqueda del olvido. Y aunque llegáramos a ser lo suficientemente listos como para escaparnos a “los mares del sur” apropiados (El Caribe es tentador pero, siendo sinceros, a ninguno se nos ha perdido nada allí, más nos valdría expiar todas las burradas que cometimos en el pueblo de los veranos de nuestra infancia) no sé yo, digo, si, a pesar de ello, seríamos capaces de conseguir escapar de los recuerdos que nos persiguen.

Stuart Pedrell, el riquito muerto, lo consiguió durante un año. ¿Durante cuánto lo conseguiría cada uno?

Venga. A apostar.

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