BULLET PARK John Cheever

Entre clavo y clavo, martillo

Es como un sol gordo y brillante que ilumina y permite que exista la sombra, así es esta obra de Johnny. Un sol lleno de manchas solares que son imposibles de fijar con la vista, que si miras al sol te deslumbras, idiota, o todavía no lo sabes. Pero fácilmente discernibles si miras de la manera adecuada hacia donde tienes que mirar -con filtros solares, con los aumentos apropiados en el telescopio y con la mano de John en el cogote, dirigiendo la dirección que has de seguir con la vista.

Bullet Park está dividido en tres partes porque… y por qué no.images Cada una no es un cuento magistral de los que Cheever escribía. Si vas buscando un cuento largo de Cheever, o un compendio entrelazado de cuentos de Cheever, o una amalgama revuelta con huevos de cuentos de Cheever, no, pero que no, mejor que te pires a buscar en otra parte. Cada parte es una parte magistral de un gran novela, y es que John era, oh sí, también, un gran novelista. En la primera parte se cuenta en tercera persona el planteamiento vital de Eliot Nailles, un tío que ya adelantaba, en varias décadas, al tipo que interpretaría Kevin Spacey en American Beauty, solo que menos rebelde y más memo. En profundidad, en enroscamiento, en merecedor de cualquier consecuencia chunga que pueda reportarle sus vicios y perversiones, es, sin embargo, igual de original y, a la vez, universal. Uno de esos grandes personajes.

La segunda parte la cuenta en primera persona Paul Hammer, uno de los nombres que tiene ese personaje. Éste es, por su parte, el hijo del vecino de Spacey en American Beauty, sólo que más chalado, verdaderamente más erudito y, para que te hagas una idea, “una víctima de un intenso vértigo emocional existencialista-místico del que es rescatado por un cuarto de paredes amarillas”, tal y como explica Rodrigo Fresán en el magnífico postfacio de la edición de autral, siendo esta descripción sobre el cuarto amarillo, además, literal. Recuerda al Holden Caulfield de El Guardián entre el Centeno de Sallinger, sólo que bien dibujado, sin ser un cretino consumado y merecedor de, no sólo una de las partes del libro, sino de varios tomos para él sólo, y no como Holden Caulfield que lo que se merecía era una galleta bien dada y meterlo a hacer una instrucción con un sargento chusquero que le pusiera el culo a caldo a base de patadas, verías como se le pasaban las tonterías al niñato.

No me gusta El Guardián Entre El Centeno, qué pasa.

La tercera parte reúne a estos dos personajes en el desenlace de la trama que Read more…

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EL FABULOSOS BARCO FLUVIAL Philip José Farmer

La meada irresistible contra el water inamovible

Esto es como si te lías a ponerle lazos, broches y ribetes a un modelo de Prada de dos mil euros, que ni hacía falta ni nada: ni lo mejoras ni dejas lucir lo que ya existía. Aunque, quizá, la culpa sea ya tuya desde el principio, por gastarte dos mil euros en un modelo de Prada, hay que ser capullo.3515m2s_zps801ec60d

Philip José tuvo una gran idea al imaginar todo el universodelMundo del Río en “A Vuestro Cuerpos Dispersos”, la novela con la que se inicia esta serie: un planeta de un tamaño inmenso, con un río largo larguísimo, que alberga a una Humanidad que ha resucitado allí, toda a la vez, un buen día, después de haber muerto en la Tierra. Y cuando digo toda la humanidad quiero decir toda: por allí deben andar Lola Flores, Torrebruno y Lech Walesa (¿Torrebruno se considera “Humanidad”?) De hecho, en la novela precedente el protagonista era Sir Francis Richard Burton, el explorador real que buscó las fuentes del Nilo. Tal y como insisten en mencionar en las contraportadas de cada volumen de la serie “todos los personajes son o han sido reales. Si el nombre de usted no se cita no significa que no esté ahí.”

La obra predecesora se consideró mejor novela del género en 1972 porque sin duda contaba con una serie de virtudes indiscutibles: se planteaba un universo de enormes posibilidades pero con unos límites autocontenidos desde el mismo momento en que se aseguraba que cada uno de los resucitados en el Mundo del Río son personas reales. Eso no sólo permitía explorar la personalidad de gente que verdaderamente había existido en un escenario completamente imaginario Read more…

2666 Roberto Bolaño

En universo en mis ojos

Por explicarlo mal y pronto: las condiciones de contorno definen el universo de una historia, plantan los límites y establecen las reglas del mundo donde se desarrolla la historia, y los buenos contadores de historias dan a entender estas condiciones de contorno mientras cuentan su cuento, sin determinarlas completamente ni explicarlas al detalle, sugiriéndolas por anticipado para que los giros de la narración no parezcan milongas sacadas de la manga ni trucos de última hora.

descarga (2)2666 es uno de esos libros de los que puedes hablar durante horas sin decir nada importante, uno de esos sobre los que ya se ha dicho casi de todo y, sin embargo, casi todo lo que uno ha oído pierde significado cuando tú mismo lo lees.

Por empezar con algunos de los mitos: sí, está inacabado, pero tanto da. Es como dice Ignacio Echevarría, Inacabable más que Inacabado. Sus aspiraciones son tan profundas que, por muchas vidas con las que hubiera contado Roberto, nunca podría haberlo cerrado, imagínate la esencia de la cosa.  O mejor, no te lo imagines, léelo.

Otros de los mitos: sí, efectivamente, se trata de cinco libros, no de uno, pero tanto da. Roberto escribió cinco libros independientes, cada uno perfectamente distinguible por su contenido, sus personajes, su trama y, lo más sorprendente, por su tempo y su estilo. Pero no cinco historias, escribió muchas, muchas, muchísimas más.

En 2666 hay de todo. Hay intelectuales y macarras, políticos y prostitutas, gente feliz y gentes con dones especiales, hay expertos en asesinos en series y boxeadores sonados, hay negros, indios, rusos, chilenos, geómetras gallegos y adolescentes nacidas en Barcelona. Hay soldados y hombres sirena, periodistas argentinos y gestores de campos de concentración, paralíticos, policías negligentes, policías inteligentes, policías extravagantes, sicarios brillantes y editores neoyorquinos. A poco que te descuidas hay un extraterrestre y un escritor prusiano. Hay de todo y más, que ya es haber.

2666 abarca el mundo, el real y el posible, el del pasado, el presente y parte del futuro, y todo ello sin mencionarlo específicamente. El escenario en el que se desarrolla es la totalidad del universo, el de Stephen Hawking y el otro.

Sus párrafos parecen tan casuales y gratuitos como si salieran de la pluma de Ken Follet, y precisamente así hacen sentir al que lee, despertando su hambre de seguir cabalgando la ola. Lo que pasa es que, en realidad, de casuales y gratuitos tienen lo mismo que yo de misionero humilde. Todo está colocado donde debe estar, Roberto no permitió que fuera de otra manera, aunque tan sólo su perfecta y bien cronometrada intuición fuera la que le dictara en ocasiones el lugar la extensión y la cadencia de los elementos de la(s) novela(s), y no un storyboard afilado y milimétrico. Ese era uno de los grandes talentos de este tremendo tío: su percepción general del Read more…

LEVANTAD,CARPINTEROS, LA VIGA DEL TEJADO y SEYMOUR-UNA INTRODUCCIÓN J.D.Salinger

Las pijadas del gato muerto

No es lo mismo ver un plastiche de Bruce Willis que una peli de acción con Joseph-Gordon Lewitt imitando los gestos y muecas del pamplinas de Bruce, precisamente porque interprete en “Looper” al mismo personaje que Willis pero más joven. Ni es lo mismo jalarse una ñoñada de Spielberg que echar un buen rato comprobando como J.J. Abrams realiza un homenaje actualizado a E.T., mezclando el estilo de Los Goonies y de El Templo Maldito, a lo largo de todo el metraje de Super 8.

Pasa algo así, pero al revés, cuando caes en tus propias muecas y ñoñerías al intentar hacerte a ti mismo el homenaje. Y además con más pena.

Y no digo que no sea merecido el homenaje que se acaba haciendo Salinger, por mucho que  se considere poco educado hacértelo a ti mismo, sólo digo que, si no te sale, pues no te sale. Y además da pena.

Este libro contiene, como cualquiera que no tenga un lomo adobado por cerebro supondrá ya, dos cuentos.

«Levantad, carpinteros, la viga del tejado» es un descargarelato que justifica todo lo bueno que se dice a cerca de Jerome David (por lo visto, eso significa J.D.). Tiene una de esas estructuras esquivas que saben crear los literatos consumados, va depositando los puntos de referencia siempre fuera de los nítidos y artísticos encuadres con los que enfoca la acción, sugiere unas doscientas cincuenta y cuatro veces más de lo que cuenta (aproximadamente), salpica de originales detalles magistrales la narración y mantiene sin descanso la pauta y el pulso.

Todo eso. Conozco a menos de quince personas que saben hacerlo, y yo conozco a mucha gente: tengo a más de doce amigos en Facebook.

«Levantad, carpinteros, la viga del tejado» tiene por protagonista a Seymour (sí, el mismo que da título al otro cuento del que se compone libro) quien, como todo lo importante del relato, queda bastante fuera de foco, quedando la acción continuamente centrada en su hermano, el narrador. Seymour es uno de esos tíos máquinas fuera de serie que mantiene encendida la llama de la fe en la humanidad, uno de esos tíos a la que no se le da la importancia que se merece a pesar de que ellos solitos, por sí mismos, ya logran marcar huella en todo lo que tocan y parte de lo que no. Sin embargo, fíjate qué casualidad, sólo los más allegados como sus hermanos, son concientes de esa condición (la casualidad se explica en el otro relato). Para el resto el tío sólo parece un excéntrico tarado, y si no para el resto, por lo menos para la familia de la novia a la que deja tirada en el altar, una familia con la que su hermano se ve obligado a lidiar al ser su único representante presente en la boda, no hay otros parientes. Tampoco es que Seymour fuera ya haciendo amigos antes de la fallida boda, con ocurrencias como la del Read more…

PLATA QUEMADA Ricardo Piglia

La estrella en el hueco redondo

Te puedes tomar un cucurucho de helado mientras aguantas un temporal de granizo bajo un paraguas, en medio de una plazoleta donde corra mucho el aire. Y puede hacer sonar en tus auriculares la discografía completa de los Beach Boys a la vez que te deslizas con eskíes ladera abajo, atravesando una bruma gélida que te deja las gafas escarchadas.

Como poder, puedes hacer cosas raras porque eres libre y porque, qué coño, para que hagas esas frikadas murieron todos esos seres humanos en guerras reivindicativas a lo largo de la Historia, no vamos a faltarles a la memoria. Pero no por eso dejan de ser cosas raras.

No queda más remedio que admitir que hay cosas que encajan mal.

Lo bueno, por lo menos en el caso de este libro, es la elección de los dos protagonistas.9789875669345

Uno es El Nene Brignone, chulo, macarra, violento, peligroso y chorizo, “flaco ágil y liviano” en palabras de Piglia, escritas en la página uno de la novela. El otro es Dorda el Gaucho Rubio, volado, sonado, drogado, y “pesado, tranquilo, con cara rubicunda” como describe Ricardo en el mismo párrafo.

A pesar de ser dos majaras igual de volaos, sin esquinas por donde cogerlos, cada uno va mostrando, poco a poco, ser de su padre y de su madre conforme pasan las páginas, con sus necesidades y maneras de ver el mundo, con sus propias manías y disparates alucinados, cada uno con una manera distinta de partir cráneos y de reventarle la boca a los pobrecitos con los que se  van cruzando.

Esto no es lo único bueno, por supuesto. Los dos personajazos estos se enfrascan en una atraco y una huida que sucedió en realidad, entre Buenos Aires y Montevideo, en septiembre y noviembre de 1965. La historia la escuchó entonces Ricardo vagamente en los periódicos y poco después, cuando se cruzó en su vida durante un viaje en tren, en forma de muchacha enganchada y parlanchina, en 1966. A lo largo de tres años Read more…

AFTER DARK Haruki Murakami

Hasta el infinito por sus cojones

El cerebro de este tío es un agujero negro, imagínense cómo tendrá el ano.

9788483835623Una vez dicho esto va a ser cosa de admitir que la entrada no ha sido muy apropiada, pero es que no me he podido resistir. Y precisamente de eso va la cosa: Haruki no se puede resistir. Cuando se dispone de una mente recurrente hasta la obsesión, bien entrenada y con las ideas claras, el cerebro se te transforma, cual desván de una artista folclórica, en un batiburrillo de chismes decorados llamativamente, todos versados sobre materias similares, con la capacidad de originar lo mismo un dolor de cabeza agudo que la sensación de que el mundo es un agujero negro perfectamente ordenado de la A a la Z, o al menos hasta la R.
Una novela de Murakami es siempre, en mayor o menor medida, un muestrario de este fenómeno, acelerado por su falta de resistencia, apenas refrenado por la disciplina obsesiva del autor.

After Dark cuenta con los elementos primordiales de su literatura, verbigracia la alternancia de narraciones, cada una ambientada en decorados de variada conexión con la realidad, los cuales se tocan sutilmente, mezclando apenas elementos de cada uno de esos  mundos. O los ritos de paso de la adolescencia, que tanta sustancia proporciona a cualquiera que guste de echar la vista tras e imaginar en qué momento se bifurcó la propia biografía. O esa verborrea sencilla, rayana a veces en la ñoñería mojigata, tan propia de las producciones japonesas, tanto como la tendencia a dejar suspendidas en el aire las conclusiones de varias de las líneas simbólicas con la que se trenzan los argumentos principales. O las referencias a un entorno orgánico en el que la Madre Naturaleza siempre termina por aparecerse susurrando acertijos animistas.

Pues bien, esta última, quizá, sea la principal ausencia en After Dark. Y digo quizá porque el entorno orgánico está en forma de Read more…

MADERA DE HÉROE MIguel Delibes

Don Quijote por Macondo de camino a la diana

Ooootra de la Guerra civil española.

O eso parece. Pero no. Ni siquiera parece oootra de Delibes, que pocas veces variaba las trayectorias, certero como un escupitajo del jinete pálido.

Al principio pinta como un coñazo: Gervasio García de la Lastra es tan sólo un chavalín cuando comienza la novela, sobrino de un militar retirado y nieto de un soldado de las Guerras Carlistas, un par de mamarrachos que marcan el compás de su infancia. Reside, miguel-delibes-madera-de-heroe-tapa-dura_MLA-O-131266401_4065con la naturalidad única de un niño, en el gran palacete de alto abolengo que despunta sobre el skyline del pueblo norteño donde se desarrolla la primera parte de la obra. En ese caserón convivirá con toda su familia de alta alcurnia, una tropa de señoritos y su correspondiente escuadra de criados, de entre los que únicamente despunta la liberalidad de su propio padre, un naturalista que gusta de tomar baños alimenticios de sol y majaderías ecológicas similares. Obviamente su viejo será el único que dé la nota entre tanto pijo acomodado, defendiendo el punto de vista de la República. Sin embargo no parece ooootra de Delibes porque Miguel, de tendencias rojas, prefiere ponerse del otro lado para contar esa historia, utilizando para ello una de las mejores armas que siempre poseyó: la perspectiva inviolada e inocente de los niños, contaminada sólo por el pragmatismo miope y la religión de los mayores. Sumergido con ingenuidad en este pantano de autocomplacencia y derechos divinos, e impregnado por tufillos leyendarios, emergentes a causa del principio de olvido que siempre termina envolviendo toda campaña bélica con el paso del tiempo, el bueno de Gervasito está tan sugestionado, el pobre, que sufre un erizamiento agudo de los pelos del cogote, en un principio, y del resto de la mollera, si le dan oportunidad, cada vez que se enardece al escuchar el ritmo de las marchas castrenses. Al niño es ponerle un disco con fanfarrias y tambores y lo siguiente es verlo hecho un Read more…